La “pandorga”

Por esta zona, la Semana Santa o de Turismo, a gusto del consumidor, siempre se caracterizó por remontar “pandorgas” o cometas, como más le guste y sin duda hoy por hoy fue pasando, como tantas cosas de moda.
Hacer una “pandorga” era utilizar la manualidad y estaban desde aquellas de dos cañitas, hasta las de ocho, con los “roncadores”, que cuando el viento se hacía sentir era muy lindo escuchar el sonido de los mismos.
Los diferentes motivos de pandorgas, que en la semana le daban un colorido muy importante a nuestro cielo y aquellas que con el hilo más largo, se las dejaba que imaginariamente tocaran el “sol”.
Desde los mensajes que a través del hilo también se mandaban, como una manera de estar más cerca de los sueños y aquellas sábanas rotas que servían para las “colas”. Era todo un trabajo fino, donde no pasaba desapercibido los “tiros”, para que cuando el viento la llevara lo más alto, la misma no “coleara” y se pasaba el día en esos espacios libres, donde las pandorgas eran las que ganaban el cielo, sin importar el color.
Los papeles de pandorgas que se vendían previo al inicio de la Semana Santa y sino también servían aquellos de regalos, o algún diario viejo, todo para que en este tiempo, teniendo el “piolín” adecuado, pasábamos las horas remontando las mismas.
En algunas ocasiones después que de que estaba en el aire, se las ataban y podían pasar el día, mientras que el dueño seguía jugando a la pelota.
Tiempo de armar el “engrudo” para pegar las mismas y aquellos flecos que eran parte de la “pandorga”, las manos de los pequeños artesanos, que pasaban horas para que la misma no tuviera errores. El armado de un “farol”, eso si que no era sencillo y luego tenía que ayudar un viento fuerte para remotar vuelo, sino no era sencillo que quedar en el aire.
Los tiempos no tan lejanos de nuestra niñez e inicio de nuestra adolecencia, cuando las costumbres eran juegos con actividad física incluída, porque cuando el viento no ayudaba, había que correr para que la pandorga planeara en ese mundo de nuestra fantasía y que sin duda fueron cambiando.
Hoy ya no se ven aquellos artesanos que con una caña comenzaban a trabajar el esqueleto de la pandorga, el piolín, el papel, el engrudo y la cola, todo una trabajo extraordinario, que se fue perdiendo.
Por estos días, más allá de que sigue la Semana Santa o de Turismo, las modas ya son otras, ya no se remonta ese vuelo de pandorgas, sino que se dejan llevar y atrapar por el aparato que los tiene alejado de estas cosas, ya que ahí cuentan con las posibilidades de ver, escuchar o mal escribir los mensajes. Ya no usamos aquel papel que lo poníamos en el piolín, con nuestra letra y sin faltas, ya que sino nos hacían escribir 100 veces la misma palabra para que no nos equivocáramos.
Son tanto los cambios y la manera de comunicarnos, que realmente cada vez extrañamos más nuestras “pandorgas”.